Hola. Soy yo. Tu aroma favorito. O mejor dicho, era tu aroma favorito. Ese que te acompañó en citas, viajes, noches eternas y abrazos robados. El que solías buscar con ansias en cada rincón, el que impregnaba tu ropa, el que convertiste en parte de tu piel. Hasta que un día, sin previo aviso, me declaraste persona non grata.

No fui yo, lo juro. Pero claro, tuve la mala suerte de estar presente en esa historia de amor que ahora intentas borrar. Antes me llevabas con orgullo, ahora me esquivas como si fuera un fantasma del pasado. No soy un aroma de nicho, pero te aseguro que ahora mi exclusividad se ha elevado al nivel de «prohibido por decreto personal».

San Valentín está cerca y, mientras otros aromas esperan con ilusión ser envueltos en papel de regalo y entregados con sonrisas tontorronas, yo me resigno a mi destino. Ser olvidado en un cajón. O peor aún, desterrado de tu vida.

Pero tú y yo sabemos la verdad. No me odias a mí, sino al recuerdo que despierto. Y ahí está la magia, o la maldición, de los aromas: te llevan donde no quieres volver. Si me hueles, no solo sientes mi mezcla perfecta de notas florales y vainilla, sino también el eco de un «te quiero» que ya no suena.

Lo entiendo, la memoria olfativa es así. Tan potente que puede convertir algo amado en algo insoportable. Pero oye, si alguna vez decides darme una segunda oportunidad, aquí estaré, en el aire, esperando. Porque, en el fondo, los aromas nunca nos vamos, somos pacientes, somos eternos y sobre todo, somos la prueba de que amaste.

Y de que, aunque quieras olvidarlo, hubo un día en el que yo también formaba parte de tu historia.

Iñaki Léonard